Sibel abrió los ojos al ver el tipo de “bar” del que Iván le habló.
Esta cosa delante de ella era un galpón gigante de lujo, con música alta, y con la cirugía plástica hecha persona a la vista.
Parecía que en el lugar no había restricción de nada en lo absoluto, pero cuando Iván llegó con ella a su lado, todas y cada una de las cabezas, se giraron a él con respeto.
—Jefe… su lugar está listo… —Iván asintió hacia uno de sus hombres, y luego se giró hacia ella.
—¿Qué esperas? Sígueme… o… —ampl