Era el antro más exclusivo de la ciudad, pero Lucio Hamilton no había ido a bailar. Había ido porque uno de los cantineros era amigo suyo y lo había llamado para decirle que Stela estaba borracha como una cuba.
—¡Luciiiiiiiii! —gritó Stela abriendo los brazos al verlo llegar.
—¡Maldición, Stela, n