—Hey, mocosa… despierta.
Marianne sintió una caricia suave en su mejilla y abrió los ojos, por primera vez en mucho tiempo, con una sensación de seguridad bailándole en la mirada.
—¿Dónde estamos?
—¡En el cielo, pero bájate de la nubecita, que te quiero ver! —resonó una voz animada junto a ella y