—De nada, Capitán… —rio Scott despidiéndose—. ¡Y recuerde que nos debe una boda!
Gabriel y Marianne se miraron con las sonrisas dibujadas en el rostro y un minuto después estaban saliendo en una camioneta hacia una de las salidas de la ciudad.
—¿A dónde vamos?
—Nuestras cosas están listas, las ti