—¿Morgan Reed? —él sintió—. Stela Harper.
Morgan alargó su mano, pero en vez de estrecharla, la muchacha la agarró y tiró de ella hacia el interior del consultorio y cerró la puerta tras ellos.
—Tú y yo tenemos que hablar —sentenció Stela—. Y procura educar mejor a tu maldit@ secretaria, eres médi