—¡Oh por Dios!, me duele todo— habla Cielo para sus adentros intentando caminar como siempre, pero se desespera al sentir el dolor en sus caderas y en diferentes partes de su delicado cuerpo —¿Qué hice?— se pregunta a sí misma en la soledad de su habitación porque su esposo no está.
Su reflejo en el espejo no es algo que esperaba, sin embargo, tampoco le molesta, pero si le sorprende, las muchas veces que vió a alguna que otra joven en el burdel donde la tenían encerrada, varias de ellas tenía