Durante el camino a la mansión Brown, Cielo siente las caricias de su madre, no deja de tocarle el cabello, de sonreírle, de acariciarle el rostro, es como tener su muñeca favorita.
—mamá...— musitó Cielo muy nerviosa, aunque le cuesta decirle mamá, poco a poco se va acostumbrando
—¿Dime, cariño?— Charlotte deja de acariciarla para no sofocarla, aunque si fuera por ella la abrazaba por horas y horas
—¿Creés que... Mis hermanos me van a querer?— pregunta y luego pasa saliva, fijando su mirada