Cielo se sonroja hasta sus mejillas, y sus manos se tornan frías por los nervios de que el capitán, haya podido descubrir un poco de lo que ella tanto oculta.
—¡Dios!— se cubre aún más bajando su mirada porque no es capaz de verle
—¡Joder! ¡Es tu culpa!— Aarón le da la espalda —¡No intentes escapar! ¡Entiende que no puedes huir de mí!— espetó empuñando sus manos —¡Camina!— le ordena con esa voz firme y prepotente
Cielo siente que ya no tiene salida, más que obedecer a ese cruel capitán que la