Ramsés apenas podia poner atención a las palabras de su suegro, sus pensamientos estaban en lo que acababa de pasar entre él y Adriana, la hizo suya, y aunque ella estaba dudando darle otra oportunidad, el cuerpo, los besos y los gemidos de la mujer le decían otra cosa, ella lo seguia amando o de lo contrario no hubiese hecho el amor con él
— ¿No crees que ya va siendo hora de que Adriana sea feliz? tú la has hecho perder demasiado tiempo, no creíste en ella, y no es por qué sea su padre pero A