Un mar de abundantes lágrimas saladas, acudieron presurosas a rebasar sus gastados ojos. Su boca se torció en un gesto doloroso, rechinó los dientes evitando hacer ruidos, sabía que me incomodaba ver llorar a las personas, pero ahora todo era diferente.
- A veces es bueno hacerlo –dije frotando su cabeza.
Maximilian echó a llorar con desesperanza. Parecía un niño abandonado, que le suplica a una distante presencia omnipotente, volver con sus padres. Yo lo reconforté a mi manera, no era muy buen