¡Ah! No puedo dejar de suspirar pensando en él, en lo felices que seríamos juntos y en lo bien que cuidaría de mis padres. Estoy segura que los trataría como si fueran los suyos.
Le debo mucho, más gratitud que dinero.
Él nunca mencionaba la deuda que teníamos y siempre era muy caballeroso conmigo, por ejemplo, había noches en las que el trabajo me abrumaba ¡Tenía una ruma de papeles frente a mí! Y debía quedarme hasta altas horas de la noche. Las demás secretarias se iban a descansar y permane