12. No paso
La luz mañanera se colaba lentamente por la ventana a través de las cortinas. Suave, dorada, cálida. Con pesadez pestañeaba levemente, sintiendo todo mi cuerpo adolorido…
No por dolor…
Por la felicidad.
Ese hombre me trató como una doncella en mi primera vez. Me hizo sentir amada. Lamió cuando vio un poco de mis lágrimas bajar por mi máscara… y entonces, cuando ya estaba adaptada a él, me tomó. Me devoró de tantas maneras toda la noche que varias veces llegaron a tocarnos la puerta.
Fue una noc