Hice caso y me volteé hacia él:
—¿Y tú… tienes acaso algo que decir?
Mateo no dijo nada, solo siguió fumando, con una mirada que reflejaba claramente su enojo.
Me sentí muy nerviosa. Parece que esta vez tuvo una gran pelea con Camila. Pero, también sentí que era un poco injusto; ¿por qué cuando discute con su primer amor, tiene que venir a desquitarse conmigo?
Aunque le debo dinero, eso no significa que sea su saco de boxeo. Pensaba esto, no me atreví a decírselo. Después de todo, Mateo