¿Será que él viene otra vez… por mí?
¿No había dicho anoche con tanta seguridad que no volvería a buscarme? ¿No me había hasta bloqueado?
Mateo golpeaba distraído el borde de la mesa con los dedos, pero esa actitud suya hacía que todos en la oficina estuvieran tensos.
Uno a uno, los compañeros se mantenían de pie, rectos, esperando que hablara.
Pasó un rato. Un rato largo.
Entonces, Mateo habló con calma, mirando a la compañera que me había acusado:
—Eso que dijiste de “esos hombres”, ¿a quién t