Apenas le dije eso, noté que se enojó. Otra vez tenía esa mirada sombría en mí.
—¿De verdad quieres que esté con ella? —preguntó, antes de reírse con desprecio.
No pude evitar sentirme irritada.
¿Y ahora qué? ¿No era él quien quería estar con esa tal "lucecita de sus ojos"? ¿Qué tenía pues que ver eso conmigo?
¿Acaso si le dijera que no fuera, realmente le importaría? ¡Por favor! Yo era solo la amante a quien odiaba, no tenía ese tipo de poder sobre él.
Yo ya estaba ahogada en mi autodesprecio,