POV: Nahya
Los días que siguieron al karaoke fueron extrañamente tranquilos. No pasó nada extraordinario y tal vez por eso se sintieron tan valiosos. Volví a la universidad, a mis clases, a sentarme en el mismo lugar de siempre, caminé por los pasillos sin bajar la cabeza. Nadie me señaló, nadie me preguntó nada que no pudiera responder.
Había cantado y el mundo no se había terminado. Tyler, me escribía todos los días. A veces cosas importantes, a veces solo una foto borrosa de lo que estaba comiendo o una frase sobre alguna película que había visto. Yo le respondía siempre, aunque a veces tardara un poco más de lo normal.
No era desinterés, era miedo de acostumbrarme demasiado, nos vimos por primera vez tres días después. Vino a mi apartamento por la tarde, cuando Jimena todavía no había vuelto. Abrió la puerta con cuidado, como si no quisiera romper nada invisible.
—Hola —dijo, sonriendo.
—Hola —no hizo falta más, me abrazó despacio, sin apurarme. Apoyé la cara en su cuello y respiré