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Sentado en la silla frente a mi escritorio, noté como un rayo de luz, que duras penas había podido entrar por mis cortinas cerradas, caía justo en mi almohada, donde debería de estar yo. Así fue como supe que ya era de día.

Me incorpore de la silla giratoria mientras tallaba mis ojos, que ya estaban secos de más, por así decirlo. Me dirig&iac

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