27: Ella también es mía.
Evangeline está perdida. Lo sabe ahora que está sentada, con las piernas semiabiertas en el sofá. Sintiendo cómo las cosquillas aumentan con cada dulce caricia; el cómo quiere, mientras su ansia aumenta, que esa larga tira de cuero fría haga algo más que hacerla perder la cabeza.
—Eres preciosa. Como un diamante en bruto —le dice el ojiazul—. Mira lo que tu cuerpo hace con el mío, Evangeline.
La castaña aunque no ha dejado de mirarlo, se fija en su pantalón abultado, apretado. Aquello le causa