—Oye, oye, tranquila —le dice el pelirrojo—. No creo que con ese hombre nos vaya a pasar algo.
Evangeline suspira, es cierto. Olvida que tiene ahora su propio guardaespaldas. El señor Shawn la mira desde unos metros de distancia luciendo como una persona común, para guardar las apariencias.
Los Keller se lo asignaron esa misma noche en que tantas cosas pasaron, entre ellas: la amenaza de una persona extraña.
La chica al día siguiente fue interrogada en la propia empresa principal de los Keller