—Yo... supongo que... la idea de... de que sea rudo me... no lo sé.
No puede ni mirarlo a la cara. Pero es la verdad, desde que ella los conoció y escuchó lo rudo que podía ser la intimidad, pero sin dejarse de amar, y llevando quizás a otra dimensión. Eso... la encendió.
Entonces la chica se atreve a mirarlo a los ojos, y puede notar lo intenso que este la mira. Se siente casi igual que Irina, como si pudiese desvestirla con la mirada. Y eso le fascina.
—Siéntate Eva. No dejes de mirarme nunca