Sus manos empiezan a temblar, se pone pálida de repente, me ve confundida, no entiende lo que digo.
Intenta decir algo pero nada sale de sus carnosos labios carmesí, le tiendo mi mano para que regrese conmigo, sin embargo, niega con la cabeza.
—Me estás diciendo que tú, Dominic Dallas, eres mi Dios del inframundo. ¿Cierto? —asiento con la cabeza —me estas tomando el pelo, eso debe ser, no es posible siquiera, no, no, yo me hubiera dado cuenta, yo...
—Respira, respira —me acerco lentamente a