—Si —dijo Carlos.
—Ni se te ocurra decir donde estamos —dice Taiki.
—No, lastima, porque ella me gustaba mucho —añadió Carlos.
—Necesito procesar esto —agrego Elena.
En eso tocaron la puerta, Elena Taiki y Carlos se acercaron a la puerta, Elena extendió la mano para abrir.
—¿Señorita Elena? —Pregunto el hombre elegante.
—No —dice Elena.
—¿Qué quiere? —Pregunto Taiki.
—Estas rosas son para la señorita Elena, ¿Alguno de ustedes puede recibirlo? —Pregunto él hombre.
—Si —respondieron los tres.
—To