Briana, cerró todo y se subió a su auto. Suspiró, dejó la nota a un lado y arrancó el vehículo. Antes de comenzar su viaje, lo primero que hizo fue ir a la casa de Melissa. Se bajó con el vehículo en marcha y golpeó la puerta con tres suaves golpecitos. Melissa salió enseguida como envuelta en un gran sacó como la miro con tristeza y le pregunto:
—¿Irás por el verdad?
—Si.
—Mucha suerte.
—Te quiero.
Ambas se vieron envueltas en un tierno abrazo, incluso se había unido Ana, la pequeña niña al gr