Capítulo 20. El deseo de Knox
POV Knox
La mansión, normalmente mi fortaleza, se sentía como una celda. Pasé la mañana del domingo en el despacho, sin poder sentarme. El tiempo se había degradado a una cuenta regresiva. Eran las once y veinte. Lira debía llegar a más tardar a las doce.
Mi ansiedad no era profesional; era irracional. Caminaba de un lado a otro, mi ritmo desordenado por la necesidad de que ella estuviera de vuelta, aquí, bajo mi campo visual. La idea de que su presencia me daba control era una burla. El control se había ido con ella.
Me obligué a revisar los informes, pero solo vi el vacío. El silencio de la mañana era una tortura. ¿Cómo había permitido que la rutina de tenerla cerca se convirtiera en una necesidad vital? Extrañaba su silencio trabajador, la forma en que sus pestañas se proyectaban sobre su mejilla cuando se concentraba. Me sentí como un adicto. Ella era la droga que me daba paz, y me había retirado el suministro.
—Maldita sea, Spencer. Es un contrato —gruñí a la pared de cri