Capítulo 30.

—¿Por qué estás aquí? —pregunto con seriedad, pero sin poder evitar sonar algo amable.

—Vaya, es un recibimiento muy duro de tu parte, creí que estarías feliz de verme.

—Tú y yo ya no somos nada, Peter. ¿Por qué debería estar feliz?

—Estuvimos casados por cinco años, yo siempre estaré feliz de verte —me respondió él, de una forma evidentemente manipuladora.

Ante sus palabras solo pude fruncir el ceño con desagrado, viendo el rostro guapo de Peter, con esa tez ligeramente bronceada y sus cabello
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