Capítulo 29.
Me despierto a la mañana siguiente con una gran resaca, como si hubiera bebido 50 botellas de vino. Pero no estaba así debido al alcohol, estaba así por haber llorado durante horas, casi hasta el amanecer, sintiéndome destrozada por lo que había ocurrido.
Al abrir los ojos, lo primero que observo es mi teléfono, el cual tiene cientos de llamadas perdidas de Iván, algo que me hace sonreír con burla…
—Así que ya te enteraste que estuve ahí… —susurro apagando mi teléfono.
Seguramente sus empleados