Capítulo 13.
Sentía una incomodidad insoportable entre nosotros.
Me mantenía con la cabeza baja, mientras su auto avanzaba por toda la ciudad, maldiciendo la hora del día, ya que al haber un ligero embotellamiento los autos avanzaban a mucha lentitud, lo cual termina alargando de forma insoportable este maldito momento incomodo en su coche.
—¿A qué restaurante iremos? —me atrevo a preguntar de pronto, ya que me doy cuenta de que estamos abandonando el distrito comercial de San Francisco.
—¿Quién hablo de un