POV: Janice Thompson
Bajé a la sala. Antes de que la tía Miranda se fuera a dormir, necesitaba preguntarle qué debía hacer durante la noche.
«¿Cómo se suponía que cuidaría de Roman? ¿Podía dormir o tendría que pasar la noche despierta?», pensé.
Por el estado en que se encontraba, todavía era necesario vigilarlo. La fiebre le bajaba cada vez que tomaba el medicamento, pero al cabo de unas horas volvía a subirle. Esos cambios constantes hacían que el delirio tampoco desapareciera.
—Tía Miranda