XXV

Ni siquiera sabía qué me llevó a hacerlo.

Su carnosa boca se movía contra la mía como un profesional y probablemente lo fuera, los hombres como él debían estar acostumbrados a besar y ser besados, por mi parte no me concentré en cuántas chicas habían caído bajo su encanto, en ese momento comprendí que no importaba nadie más que nosotros o eso era lo que mi mente quiso creer. Mi corazón agitado latía desbocado como solo una vez había ocurrido, y esa vez la había tenido con él ¿Para qué esforzarm
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