XXVI

—Has... has venido aquí para hablar y no lo estamos haciendo —me esforcé por decir soltando sus labios.

Estaba jadeante y apenas podía mantener los ojos abiertos, las olas de placer no dejaban de agitarse en mi interior mucho menos lo harían si él no dejaba de mover sus dedos con tanta pericia en mi centro pero cuando Acheron sonrió automáticamente le eché los brazos a los hombros como si estuviera acostumbrada a esto y me aferré a él sintiendo como el orgasmo florecía en mi interior tan fuerte
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