Pero mi lobo estaba tan furioso que como un cordero seguí a Agnessa y la voz de Verónica pidiendo ayuda me dejó helado.
—Lo más probable es que se haya dado cuenta de que los encerré, Alfa, y esa sea su coartada.
Ni siquiera le preste atención y cuando abrió la puerta y vi a Rakish al lado de ella, mi lado racional desapareció.
Ahora solo podía ver rojo.
Quería jodidamente matarlo por ta solo respirar el mismo aire que ella.
—Acheron... —susurró Verónica.
Sin embargo, yo me lancé por Rakish gol