Acarició mi espalda, besó mi frente y habló luego de pensar por muy pocos minutos.
—Contigo quiero todos los hijos que Dios nos permita tener y hasta donde tú lo quieras, es tu cuerpo. Pero se nos da bien hacer hijos, son hermosos los que tenemos. —Me abrazó más fuerte al ver que otra vez flaqueé un poco.
» Me gustaría ver una castañita de ojos grises corriendo por la casa e interrumpiendo en mi despacho solo para tomar el té. —¿Qué hace este hombre conmigo?
» No descansemos hasta tener una. —b