Ricardo me encontró una semana después.
Ese día acababa de salir de la clínica de reposo, con una bolsa de medicinas para Emiliano en la mano.
Cuando levanté la cabeza, lo vi de pie junto a la carretera.
Se notaba que llevaba mucho tiempo sin dormir bien.
Tenía los ojos inyectados en sangre, la barba de varios días y el traje aún impecable, pero todo su cuerpo parecía vacío.
Al verme, sus ojos se iluminaron de inmediato.
—Victoria.
Me detuve.
Se acercó rápido y extendió la mano para tomar la bol