Isabella sintió cómo su corazón latía aún más rápido. —¡No podemos casarnos! ¡Para los demás, somos simplemente parientes consanguíneos! ¿Qué significaría nuestro matrimonio? ¿Qué sería de este niño? ¿Acaso quieres que crezca siendo señalado por los demás?
Sin dejar a Herman hablar, Isabella, visiblemente agitada, continuó: —¿O acaso quieres hacer público que no tenemos parentesco? ¿Y qué hay entonces, de mi madre biológica? ¿Qué pasará con la familia Pérez? ¿Y qué dirá mi madre? ¡No, no puedo d