Él quería ir a Valleencanto.
Nunca había tenido un deseo tan fuerte de hacerlo.
A la mañana siguiente, Rafael con una mochila al hombro, el pelo desordenado, sosteniendo el desayuno, corrió directo hacia el edificio del laboratorio. Se sorprendió muchísimo al ver a Esteban sentado en un banco del edificio del laboratorio.
Los pasos de Rafael se detuvieron cuando subía los escalones, mirando fijamente a Esteban mientras movía el cartón de leche de sus labios. —¿Primo?
Esteban estaba lleno de f