Isabella sintió un fuerte dolor con el más mínimo toque en su dedo.
Herman hizo que Isabella se sentara tranquila y abrió una botella de agua pura, humedeciendo un algodón para limpiar la mancha de sangre.
Estaban muy cerca el uno del otro, tanto que Isabella podía ver claramente las largas pestañas de Herman. Su respiración se volvió irregular y desvió su mirada hacia un lado.
—Gracias.
—Lo siento.
Ambas voces sonaron al mismo tiempo.
Herman miró la confusa expresión de Isabella y no pudo evita