Miguel parpadeó, y puso atención a lo que decía su cuñada.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso Paula? —gritó con la voz agitada.
—No, es un complot en mi contra, no les creas. —Lloriqueó Irma desesperada, estaba perdida.
—No miento. —Paula observó a Irma—, tú eras la mujer que le pasaba información, la amante de ese loco eres tú, m@aldita desgraciada.
—No sabes lo que dices, no tienes pruebas —vociferó Irma.
—Yo sí las tengo. —La voz de Mariela quién fue durante años la mejor amiga de Irma, se es