Capítulo 8: Desenmascarada y despreciada.
«¡Porque tú eres nuestro papá!»
Un silencio sepulcral inundó la iglesia, esa frase hizo que el corazón de Miguel se le subiera a la garganta, las piernas le fallaron cayó al piso de rodillas ante los pequeños.
—¿Mis hijos? —balbuceó, los labios le temblaban, así como el corazón, y sus ojos, se hallaban anegados de lágrimas. —¿Ustedes dos… son mis hijos? —volvió a preguntar sin poder creerlo.
¡Cuántas noches imaginó teniendo una familia junto a la mujer que se le aparecía en sueños!
Y ahora s