Todo era un verdadero caos en la mente de Juan Miguel. Habían sido demasiados secretos descubiertos en tan corto tiempo; necesitaba pensar con claridad, tomar cartas en el asunto, charlar con los niños, con la señora que estaba a su cargo, estaba lleno de dudas, que necesitaba resolverlas a la brevedad.
—Hijo, es mejor ir a la casa, no es conveniente que estés en el mismo hotel con Irma, su familia, y los niños —recomendó María Paz, la madre del joven.
—Tienes razón mamá —dijo él. Acarició la