Luciana abrió sus ojos de par en par, un escalofrío recorrió su columna.
—Ni lo conozco, no lo he tratado —balbuceó temblorosa, inhaló profundo—, no comprendo tus celos, yo solo soy amable, él nos ha apoyado mucho, y sin conocerme, además tú siempre hablas bien de tu jefe, no te entiendo la verdad. —Negó con la cabeza, subió al auto, cruzó sus brazos, y miró por el ventanal, no podía sostenerle la mirada, se sentía sucia, culpable.
Emiliano bufó, frunció los labios, cerró sus ojos, pensando qu