Entonces la música que sonaba en el salón se apagó, un profundo silencio se hizo en el ambiente, Luciana pasó a la mitad del escenario, las notas de la melodía empezaron a escucharse en las bocinas. Ella agarró el micrófono, cantó la primera estrofa, y de vez en cuando miraba a Miguel, y en el coro se acercó muy cerca de la mesa de él.
Miguel la observaba embelesado, bebía a sorbos su trago mientras la contemplaba y escuchaba cantar, suspiraba a cada instante como un adolescente enamorado.
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