Amarte es mi condena. Cap. 46: Yo te hundiré en prisión.
—¡Me encanta! —exclamó Majo y lo abrazó.
Entonces la llevó de la mano a la segunda planta a conocer las habitaciones.
—Puedes hacer los cambios que desees, no hay problema —dijo Salvador.
Majo miró la cómoda terraza, ahí había una silla colgante de las que a ella le fascinaba para sentarse a leer, además había una mesa para contemplar el atardecer con una buena taza de café.
—Está perfecta —dijo Majo, sonrió, y luego recordó que debían hacer importante, sintió un estremecimiento en todo