—¿En serio, Casandra? —la miro con frustración mientras ella me quita la
botella y toma un trago.
—Sí, todo lo que escuchaste es verdad —le confirmo.
—Entonces, ¿me acabas de decir que te acostaste con el hombre más sexy, candente y bien dotado, y aún tienes esa cara de disgusto? —me pregunta, visiblemente molesta.
—Es que, ¿por qué no entenderías? Sabes bien que Adrien Giordano es un mujeriego notorio, y caí en su trampa. Además, también escuchaste que está comprometido y yo también.
—Sí, esc