Mañana
Luisa ya estaba abajo.
Vestía una sencilla camiseta negra y pantalones holgados. Su pelo aún estaba un poco húmedo de la ducha, con algunos mechones pegados a sus mejillas. Estaba sentada a la mesa del comedor, tomando té tranquilamente, cuando Yana levantó la vista de los platos que estaba poniendo sobre la mesa.
"Luisa, ¿aún no se ha despertado Filipe?", preguntó.
Luisa negó con la cabeza.
"No."
"Bueno, entonces voy a despertarlo", dijo Ana con indiferencia, limpiándose las manos en el