CAPITULO 34. NUNCA MÁS
—Si él cree que puede venir a decirme que hacer, está muy equivocado…—refunfuñé mientras sacaba las llaves de mi cartera para abrir la puerta del departamento. Ameth no podía juzgarme. No lo permitiría.
En cuanto entré en el departamento todos mis pensamientos se acallaron repentinamente. El piso estaba cubierto con globos blancos y rosados, del techo también colgaban algunos, las ventanas estaban adornadas con luces de colores, las mismas que pusimos en navidad, y cuyas luces se reflejaban en