CAPITULO 33. ¡Un chancletazo!
Me despertó acariciándome el rostro y cuando me quejé lo escuché reírse.
—Vamos, bombón. Llegaremos tarde.
—¿A dónde?—pregunté estirándome en la cama.
—Tenemos una cita.
Sonreí y comencé a levantarme.
Anoche, después de la fiesta llegamos a la casa y entre besos y besos, con mi piel quemando por su contacto, mi necesidad desbordada y mis ganas de entregarme a él, me quedé dormida.
No sé cómo pasó, estoy segura de que me tuve que desmayar porque lo último que recuerdo es a él levantándose a busc