CAPITULO 31. ¿Y me buscaste?
Puto francés.
—¡Rámses!—grité con fuerza y escuché a los hermanos reírse.
Salí de la habitación enfurecida, pisando con fuerza. Estaban sentados en las sillas del mesón de la cocina, cada uno con una taza de café en la mano.
—¡No vuelvas a hacerlo! ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? ¡No quiero dormir en la misma cama que tú!.
—Primero: ¿Por qué no? ¿Por qué retrocedimos?. Segundo: vas en pijamas muy cortas, bombón, eso es un excelente incentivo para seguir haciéndolo; y tercero: lo seguiré h