CAPITULO 29. Suegrito

Enrique, como dijo que se llamaba, me abrazaba con fuerza y aunque yo también tenía mis brazos a su alrededor no puedo decir que se lo estaba correspondiendo. Era demasiado confuso para poder reaccionar.

—Enrique, por favor—dijo Ameth, saliendo de su estado de shock y mientras se acercaba con rapidez a nosotros.

Mi papá.

Qué raro se escuchaba incluso en mi cabeza.

Mi papá.

Nunca lo necesité, nunca lo eché de menos, ni siquiera en los días en que debían asistir los padres a alguna reunión o even
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