Capítulo 105. La ira de un padre
—¿Dices que mi hijo es débil porque llora? Está bien. ¡Veremos quién termina arrastrándose fuera de la puerta de mi casa esta noche!
La voz de Dominic rompió el silencio del salón principal de la mansión Moretti.
El juguete de madera de Leo, hecho añicos, seguía apretado en su mano derecha; lo sujetaba con tanta fuerza que las astillas se le clavaban en la palma. Pero no le importaba. Sus ojos, usualmente fríos e impenetrables, ahora ardían como brasas recién rociadas con gasolina.
Olivia estab