Alessandro y Ava se pararon frente al restaurante tomados de la mano. Un hombre les abrió la puerta y, luego de saludarlos, les recibió sus abrigos. Eran las siete de la noche y afuera el clima se tornaba fresco, pero dentro la calefacción mantenía tibio el local.
Habían dejado a los niños en casa a cargo de su niñera. Debido a que tenían que salir ellos habían adelantado la hora del cuento. Además, durante la tarde ella había pasado tiempo con ellos antes de comenzar a alistarse para su cita